Gondi

 

GONDI fuiste una compañera alegre y juguetona por muchos años. Iluminabas con tu carita grácil nuestro hogar y tus morisquetas y corcoveos nos acompañaron en muchos momentos.

Cuando llegaste hace casi 19 años, pequeña y casi desnutrida, porque tu mamá no te alimentaba, nadie hubiera imaginado que te convertirías con el tiempo, en una preciosidad, con tu pelo largo y modos traviesos.

Nos diste la alegría del amor incondicional, que no espera nada a cambio. Sólo lo brinda, honesto y veraz, a quien le presta cariño y atención. Y todos los días, aunque estuvieras a veces malhumorada, nos demostraste ese amor verdadero.

No sabes cuánto te extrañaremos; eras una presencia fundamental en nuestro hogar. Aunque ya no saltabas y corrías como cuando joven, el sonido inconfundible de la campanita de tu collar acompañaba todas las actividades de la casa. Ahora último, sin tanta autonomía y en formas reposadas, demostrabas de igual manera que eras la señora de la casa.

Si nos hubieras anunciado que te ibas, que estabas cansada, que ya no querías seguir, nos habríamos preparado para enfrentar este vacío que dejaste en nuestras vidas. Pero aunque fue repentino e inesperado, confiamos en que estés descansando ya, en un lugar lleno de luz y paz.  Físicamente tu ausencia nos duele mucho, pero confiamos que tu espíritu nos acompaña, como una princesa de aire luminoso.

No hay forma de agradecerte, querida Gondi, todo el amor que nos entregaste durante tu vida.

Te recordaremos siempre.

Adiós querida GONDI

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